Agua sin tóxicos

Hay problemas difíciles de conjurar por el ocupante de una vivienda, como es la procedencia del agua de abastecimiento. Lo ideal sería que ya desde su origen, el agua que llegase al hogar fuese de la máxima calidad posible, como sucede con algunas aguas de montaña.

Sin embargo, es un hecho que la calidad de partida de muchas de las aguas, especialmente en algunas zonas, puede dejar bastante que desear. Y aunque se realicen una serie de procesos para mejorar sus parámetros de calidad no es infrecuente que haya aspectos, como la presencia de determinados contaminantes, que no puedan ser plenamente resueltos.

Algunas de estas situaciones son más llamativas y dan pie a que haya zonas concretas donde se restrinjan determinados usos de las aguas del grifo. Por ejemplo, en algunas zonas donde se dan altas concentraciones de arsénico o algunas zonas agrícolas con demasiados nitratos o residuos de pesticidas.

Otras veces, el agua de abastecimiento tiene unos contaminantes, pero se establece que pueden usarse siempre que estos no alcancen ciertos niveles de concentración. Es lo que sucede, por ejemplo, con ciertos residuos de pesticidas o con los trihalometanos. En cualquier caso, la falta del debido acceso por parte de los ciudadanos a los datos sobre la presencia de contaminantes químicos en las aguas de consumo, así como las dudas existentes acerca de la garantía real sanitaria que suponen los niveles establecidos, hace que muchas personas recelen.

Existen, ya en el hogar, algunos aspectos que pueden contribuir a la presencia de contaminantes en las aguas, más fácil o difícilmente resolubles. En ocasiones se podrá actuar sobre ellos, en otras será más difícil.

Se puede por ejemplo, por ejemplo, determinar de qué materiales están hechas las conducciones e intentar sustituirlas por materiales menos problemáticos (acero inoxidable, gres, arcilla…). En cuanto a los plásticos, si se usan, al menos hacerlo con plásticos sobre los que no se haya publicado tanto acerca de sus posibles problemas.

Entre las medidas preventivas mínimas muy sencillas que pueden adoptarse para al menos no ingerir innecesariamente una serie de contaminantes que pueden acumularse en las cañerías, está la de dejar correr un tiempo el agua.

Una opción más existente y que debe ser debidamente analizada es la de instalar purificadores de agua. Son filtros que en algunos casos pueden reducir algo la presencia de algunos contaminantes químicos en el agua. Pero hay que asesorarse muy bien sobre los sistemas -carbón activado, ósmosis inversa, destilación- y sobre sus pros y contras (como el posible despilfarro de agua, la generación de ozono en algún caso, suficiente o insuficiente purificación, etc.).

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