Efectos de los ftalatos sobre la salud

ENTRE LOS FTALATOS HAY SUSTANCIAS QUE PUEDEN CAUSAR UNA AMPLIA SERIE DE EFECTOS EN EL ORGANISMO

Numerosos estudios concluyen los ftalatos podrían podría estar asociados a efectos como la alteración de la calidad del semen, daños en el ADN de los espermatozoides, reducción de hormonas sexuales en varones adultos, infertilidad, alteraciones en las hormonas masculinas, acortamiento de la distancia anogenital en niños varones, ginecomastia en adolescentes varones, bajo peso al nacer, endometriosis, obesidad abdominal y, entre otras cosas, resistencia a la insulina.

La preocupación sobre los posibles efectos sanitarios de los ftalatos se centró en un primer momento en el cáncer y los efectos reproductivos, pero pronto se fueron analizando otros posibles efectos. Existe mucha literatura científica basada en viejos enfoques toxicológicos que se centra en factores como analizar los efectos cancerígenos y causantes de infertilidad en adultos a altas dosis de concentración (por ejemplo por exposiciones ocupacionales). Sin embargo, más tarde se empezó a estudiar más los efectos que niveles muy bajos de concentración de los ftalatos podían tener en periodos sensibles de la vida, tales como el desarrollo fetal.

Entre los ftalatos hay sustancias que podrían causar una amplia serie de efectos en el organismo. Varios de ellos pueden actuar como disruptores endocrinos y obrar como si fuesen un estrógeno (hormona femenina) sintético, habiendo sido asociados a deformidades en los órganos reproductores masculinos, desarrollo prematuro de las mamas u otros diversos efectos, tales como sobre las hormonas del tiroides, la formación del esqueleto y el metabolismo, y resistencia a la insulina y obesidad.

Los fetos y los niños pequeños serían especialmente vulnerables a la exposición a algunos ftalatos, ya que ellos están siendo “programados hormonalmente” y bajo continuo desarrollo.

Numerosas investigaciones científicas llevan mucho tiempo demostrando que el desarrollo reproductivo de los machos es extraordinariamente sensible a la exposición a algunos ftalatos, como por ejemplo el dibutil ftalato (DBP) y el dietilhexil ftalato (DEHP), generando cambios importantes cuando la exposición se da en el útero, aún a niveles bastantes bajos de concentración (entre ellos, signos de una menor virilización, hipospadias, etc.). Una de estas investigaciones, conducida en roedores, concluía la alta toxicidad reproductiva para el aparato reproductor masculino que tenía la exposición intrauterina al DEHP, causando altas tasas de malformaciones testiculares y del epidídimo,entre las cuales se contaban, en algunos casos, la atrofia y la agénesis. Los efectos se producían a niveles solo ligeramente superiores a los que solían medirse en la media de la población.

Efectos a niveles muy bajos de concentración

En 2006 aparecieron algunos interesantes estudios científicos que mostraban los efectos sobre animales que algunos ftalatos podían tener a niveles muy bajos de concentración. Una de las conclusiones más interesantes era la de que el DEHP causaba un efecto según una curva de dosis respuesta no monotónica, es decir, que el efecto no dependía necesariamente de la simplista presunción de que a más dosis más efecto. Presunción que ha servido, desde ciertos enfoques toxicológicos afines a los intereses industriales y en buena medida guiados por ellos, para restar importancia a las consecuencias de una exposición a niveles muy bajos de concentración de las sustancias.

El hecho científico constatado de que hay efectos a dosis tan bajas tiene hondas implicaciones, ya que los niveles de concentración a los que se producen son semejantes a los niveles reales de presencia de estos contaminantes a los que se ven expuestos amplios sectores de población.

Una de las investigaciones mostraba que la exposición intrauterina a dosis extremadamente bajas al DEHP suprimían la actividad de un enzima, la aromatasa, que es esencial para la masculinización del cerebro de los machos de rata, mientras que dosis más altas la incrementaban. Otro experimento sobre ratones mostró la capacidad del DEHP de exacerbar las respuestas alérgicas, a niveles muy bajos, semejantes a aquellos a los que el DEHP suele darse en multitud de hogares y edificios. Los autores apuntaban que la exposición a estas sustancias podía ser una de las posibles explicaciones al incremento de las alergias en el mundo desarrollado. De nuevo, resultaba que dosis más bajas tenían más efecto que dosis más altas, poniendo de nuevo en entredicho los postulados sostenidos por la toxicología convencionalmente aplicada no pocas veces basada en estudios de la propia industria muy cuestionados por la comunidad científica- y que ha venido suponiendo que si se veía que a un nivel alto de concentración no se producía un determinado efecto es que a niveles más bajos no cabía esperar que se produjesen consecuencias importantes. En cambio, resultaba que en los experimentos referidos la dosis que causaba más efecto era casi mil veces inferior al nivel que la EPA había establecido como de “bajo efecto”, que era de 19 mg/kg/día (y a la que se había llegado por unos estudios dudosos sobre toxicidad hepática publicados nada menos que en 1953).

Este tipo de hechos han sido vistos también en otros contaminantes con propiedades de disrupción endocrina, además de los ftalatos, y cuestionan muy severamente los criterios que se han usado durante mucho tiempo para establecer los niveles de exposición supuestamente “seguros” a muchas sustancias.

Una amplia revisión científica alemana resume parte de los efectos que los ftalatos pueden causar en la salud según una vasta literatura científica. Entre ellos, señala que algunos ftalatos tales como el DnBP, DiBP, DEHP, BBzP y DiNP, son tóxicos para la reproducción y el desarrollo, añadiendo que modulan la producción endógena de testosterona del feto, así como generan otros cambios hormonales. Los efectos críticos llevarían al deterioro funcional y estructural de factores reproductivos y de desarrollo en los varones y podría expresarse en malformaciones del epidídimo y los genitales exteriores tales como la hipospadia, el no descenso de los testículos (criptorquidia), deterioro de la formación de espermatozoides y menor fertilidad. Determinados ftalatos también aparecen asociados a signos de feminización en roedores macho expresados por ejemplo en el grado de desarrollo de pezones y areolas. Otro síntoma asociado a la exposición de varones a los ftalatos es la reducción de la distancia anogenital indicador claro de una desmasculinización. Este grupo de síntomas en animales ha sido denominado el “síndrome de los ftalatos”.

Se sospecha que algunos ftalatos puedan contribuir, en mayor o menor medida, y probablemente asociados con otros contaminantes, a que cada vez sean más comunes una serie de desarreglos del desarrollo humano tales como la creciente incidencia de las criptorquidias, hipospadias y cáncer de testículos, todo ello junto con un cada vez mayor deterioro de la calidad seminal. Es lo que ha sido bautizado como “síndrome de disgenesia testicular” y que tiene algunas similitudes con el “síndrome de los ftalatos” observado en los animales de laboratorio.

Se han realizado diferentes estudios epidemiológicos que indican que la presencia de estas sustancias muy frecuentemente a los niveles en los que están presentes en el medio ambiente real en el que se desenvuelven las personas, podría estar asociada con diferentes efectos como la alteración de la calidad del semen, daños en el ADN de los espermatozoides, reducción de hormonas sexuales en varones adultos, infertilidad, alteraciones en las hormonas masculinas de niños pequeños ligadas a los niveles de ftalatos en la leche materna, acortamiento de la distancia anogenital en niños varones (tomada como síntoma de virilización incompleta), ginecomastia en adolescentes varones, bajo peso al nacer, endometriosis136, obesidad abdominal y, entre otras cosas, resistencia a la insulina. Un estudio, por ejemplo, asociaba el DEHP con la resistencia a la insulina en adolescentes. Vamos a ver alguno de estos efectos con más detalle.

Daños al desarrollo

En 2005 los investigadores publicaron un estudio que establecía una asociación entre la exposición de mujeres embarazadas a los ftalatos y efectos negativos sobre el desarrollo genital de los niños varones nacidos de ellas. Los efectos en el aparato genital de los niños coincidían en buena medida con los efectos que previamente se habían descrito en roedores expuestos prenatalmente a ftalatos (el ya citado “síndrome de los ftalatos”).

En los roedores el síndrome se manifestaba con algunos patentes signos de desmasculinización, como menor distancia ano-genital, más frecuencia de criptorquidia e hipospadias, además de menor número de espermatozoides y mayor riesgo de cáncer testicular al crecer. Efectos que iban más allá de limitarse solo al aparato reproductor para extenderse también a cambios a largo plazo en el desarrollo del cerebro y la conducta. Ello indicaba que el “síndrome de disgenesia testicular” en humanos también podría estar ligado a la exposición a contaminantes de efecto hormonal. Los efectos asociados eran también bastante coincidentes (criptorquidia, hipospadias, mala calidad seminal, mayor riesgo de cáncer testicular,...). Y los motivos para pensar que contaminantes hormonales como algunos ftalatos, por ejemplo, jugaban un papel en lo observado no eran pocos.

La acumulación de datos científicos sobre este tipo de efectos sobre la salud de sustancias como los ftalatos ha hecho que países como Dinamarca se decidan a actuar ante las proporciones que está alcanzando el incremento de incidencia de algunos de esos problemas.

La Estrategia sobre Ftalatos127 danesa hace un repaso sobre los efectos sobre la salud que pueden estar teniendo sustancias con propiedades de disrupción endocrina como los ftalatos. Por ejemplo, el grave problema de fertilidad masculina. Así en Dinamarca, en concreto, cuatro de cada 10 varones tienen un esperma de una calidad tan pobre que es probable que tengan que esperar más que la media para conseguir dejar embarazadas a sus parejas, o incluso, en los peores casos, que no sean capaces de tener hijos de modo natural. De hecho, el 6% de los hombres jóvenes de Dinamarca tienen un semen tal que necesitan ayuda para procrear (hoy cerca de un 8% de los niños daneses han sido concebidos por fertilización artificial).

En Dinamarca, la incidencia de problemas como la criptorquidia, esto es, el no descenso de los testículos al nacer, ha subido desde un 2% a un 9% en los bebés en los últimos 50% años. Las niñas, por su parte, desarrollan pechos un año antes que hace 15 años. Al mismo tiempo, la incidencia del cáncer de testículos en Dinamarca, es de uno cada 100 hombres jóvenes (una de las más altas de continente).

Lamentablemente, Dinamarca no es el único país con tal tipo de problemas que están bastante extendidos por el mundo occidental.

Es de destacar el hecho de que los efectos significativos medidos se daban a concen-traciones de ftalatos que se encuentran en cerca de una cuarta parte de las mujeres estadounidenses. Y este dato es muy relevante, porque no se trataba de mujeres que por alguna razón especial, como pudiera ser por una exposición laboral extraordinaria, estuviesen especialmente expuestas, sino mujeres convencionales de la población general que simplemente tenían esos ftalatos a consecuencia de la exposición universal a los mismos que tenemos todos a través de diferentes fuentes. De hecho resulta imposible encontrar un grupo de mujeres que pudiese ser tenida como grupo de control, esto es, no expuesta a los ftalatos, por lo que los estudios simplemente se centran en medir diferencias entre las que tienen algo más de ftalatos y las que tienen algo menos. Y hablamos siempre de efectos asociados a exposiciones a niveles muy “bajos” de ftalatos. E incluso, como sugiere la investigación, que para algunos efectos los humanos podrían ser más sensibles que los roedores utilizados en los experimentos.

El estudio143 encontraba que la mayor exposición a una serie de ftalatos - como DBP, DEP y DIBP (y algo menos BzBP)- estaba ligada significativamente a una serie de síntomas de desmasculinización en el aparato reproductor de los niños varones, básicamente la reducción de la distancia anogenital (lo que puede ser síntoma, según se ha visto en experimentos con roedores, de una exposición a algo que interfiere con hormonas masculinas que, como la testosterona, son esenciales para la correcta formación del aparato reproductor masculino). Por ejemplo, las mujeres embarazadas que tenían unos mayores niveles del metabolito MEP (metabolito del DEP) tenían 10 veces más probabilidad de tener niños con esos defectos que las que tenían menos, y 4 veces más que las madres con una concentración media. Los autores del estudio evaluaron si, en cualquier caso, al tener una serie de ftalatos el mismo tipo de efecto antiandrogénico, la combinación de varios podía estar asociada a más consecuencias que cada uno por separado y se comprobó que sí. Los niños con un mayor índice de exposición total a ftalatos tenían 90 veces (noventa) más probabilidad de tener esos efectos que los que tenían un menor índice. Filtrando más parámetros saldría como resultado que, en el mejor de los casos, el incremento de riesgo sería al menos de casi 5 veces.

El Programa Nacional de Toxicología (NTP) de los EE.UU. ha mostrado su preocupación por los ftalatos a través de diversos informes del Centro para la Evaluación de los Riesgos para la Reproducción Humana (Center for the Evaluation of Risks to Human Reproduction - CERHR). En 1999 crearon un panel de expertos con la finalidad de realizar una revisión de la evidencia científica existente acerca de los riesgos que los ftalatos podían representar para la reproducción. Ya entonces, a pesar de que la acumulación de evidencia científica era muy inferior a la actual, y por lo tanto mayores las incertidumbres, el grupo de expertos emitió un informe preliminar en el 2000, en el que se deslizaban algunos datos importantes.

La falta entonces de estudios que documentaran algunos efectos sobre los fetos, limitaba la contundencia de las conclusiones. No obstante, en especial para un ftalato, el DEHP, se mostraba una seria preocupación vinculada a efectos sobre el desarrollo de las células de Sertoli ligadas a la formación de los espermatozoides (al parecer los daños podrían no ser causados por el DEHP en sí mismo tanto como por su metabolito, es decir, la sustancia en la que el DEHP se convierte dentro del organismo: el MEHP).

Una de las preocupaciones que se expresaban era la de que la exposición al DEHP pudiese causar efectos adversos sobre el desarrollo del aparato reproductor de los varones, especialmente ante situaciones de exposición que podían resultar singularmente altas como las derivadas de los dispositivos médicos a las que a veces se exponen muchos niños pequeños en tratamiento hospitalario. También mostraban su preocupación por que los niveles de exposición adulta al DEHP que se registraban pudieran afectar al desarrollo de las criaturas en gestación dentro de sus madres. Así mismo también consideraban preocupante que los niveles de exposición de los niños pequeños fuesen significativamente superiores que los de los adultos.

Por otro lado, los niños con esa distancia anogenital menor (un 19% más corta que lo esperable por su edad y peso) tenían asociadas otras diferencias en su desarrollo. Por ejemplo, una mayor probabilidad de criptorquidia (un 20% frente a un 5,9% en los niños con un mayor índice), un menor y menos marcado escroto y un menor tamaño del pene.

Deterioro de la calidad del semen

Diferentes estudios muestran una asociación entre la exposición a ftalatos y el deterioro de la calidad del semen humano, un problema en una brutal progresión en las últimas décadas. Y es relevante señalar que estos estudios hablan de niveles de exposición a estas sustancias comunes en relevantes porcentajes de la población general y no, de nuevo, por ejemplo, de trabajadores u otros sectores particularmente expuestos. Son estudios que nos hablan de asociaciones a niveles de exposición derivados de la exposición cotidiana a estas sustancias. Por lo tanto, a niveles “bajos” de concentración “normales” que ya tenemos muchos seres humanos en nuestros cuerpos.

Una de estas investigaciones, por ejemplo, mostraba que los varones americanos expuestos a esos niveles “normales” de ftalatos -que diferentes investigaciones han mostrado como comunes en la población- mostraban daños en el ADN de los espermatozoides. Lo cual sugería que los ftalatos en cuestión podrían estar asociados a amplios daños en el ADN seminal de la población general. El metabolito de ftalato al que este estudio asociaba tales efectos era MEP (metabolito del DEP, dietil ftalato), que fue el más abundante detectado en la orina de los hombres estudiados, en unos niveles medios de 186.8 ppb).

Otra de las investigaciones, realizada por científicos de la Escuela de Salud Pública de Harvard, el Instituto del Cáncer Dana Farber y los Centros para el Control de Enfermedades (CDC) de EE.UU. , mostraba como los hombres que tenían unos niveles algo superiores de una serie de ftalatos -pero siempre dentro de unos rangos de concentración frecuentes en segmentos notables de la población- tenían, curiosamente, un menor número de espermatozoides, una menor movilidad en los mismos y más espermatozoides con deformidades. Exactamente lo mismo que se había visto antes con animales de laboratorio, pero detectando que parecía que los seres humanos eran aún más sensibles a estos contaminantes que los animales. Se midieron metabolitos de ftalatos diferentes como el DEP (cuyo metabolito es el MEP), el DBP (su metabolito: el MBP), el BzBP (su metabolito el MBzP), el DMP (su metabolito el MMP) o el DEHP (metabolito. el MEHP). Y los niveles detectados, incluso aun siendo inferiores a los que otros estudios habían detectado como comunes en amplios sectores de población, arrojaron resultados llamativos. Sobre todo teniendo en cuenta que ello podría sugerir que los niveles de estas sustancias comunes en muchos hombres de la población general podrían estar afectando su fertilidad.

Una de las cosas que se vieron en los hombres estudiados es lo que ya se sabe sobre la mala calidad seminal en la población occidental. Algo más de la mitad de los hombres, con una edad media de 34 años y que no fumaban, estaban por debajo de los parámetros seminales de la OMS en al menos uno de los tres estándares (número, movilidad y morfología). El 17% tenían menos de 20 millones de espermatozoides por ml, un 44% tenían menos de la mitad de los espermatozoides con movilidad adecuada, y un 26% tenían menos de un 4% de espermatozoides bien formados. Y se vio que aquellos que tenían unos niveles más altos de MBP tenían más del doble de probabilidades de tener una baja concentración de espermatozoides (OR= 2.4) y de tener una baja proporción de ellos con adecuada movilidad (OR= 2.4). También que tenían un mayor porcentaje de espermatozoides deformes (OR: 1.7. Un 70% más).

Así mismo, también se vio que el MMP se asociaba a deformidades en los espermatozoides, como también el MBzP, asociado además a efectos sobre el número y movilidad de los mismos.

Los hombres que tenían más probabilidad de tener menos espermatozoides, tenían más MBzP o MBP (los que tenían más de esta última sustancia también tenían más probabilidad de tener peor movilidad en sus espermatozoides).

Otros estudios han encontrado resultados semejantes en relación a la exposición a diferentes ftalatos.

Una investigación sobre personas que trabajaban en la producción de suelos de PVC (lo que generaba una exposición alta a DEHP y DBP) halló una asociación entre el nivel de exposición a esos ftalatos y unos niveles más bajos de testosterona148. Otro, realizado sobre centenares de hombres que acudían a una clínica de fertilidad mostró también que a mayor presencia del MEHP (metabolito del DEHP) menos testosterona149.

Efectos sobre el tiroides

Diferentes investigaciones en animales o en humanos asocian así mismo los ftalatos con efectos sobre el tiroides. Debe tenerse en cuenta que una alteración en los niveles adecuados de hormonas tiroideas puede tener, por ejemplo, hondos efectos en el desarrollo del feto dentro de su madre. Estas hormonas son esenciales para el desarrollo fetal del cerebro, las neuronas, el corazón y otros órganos en momentos críticos de la gestación. El hipotiroidismo en las madres durante el embarazo puede causar nacimientos prematuros y bajo peso al nacer, así como afectar el desarrollo mental postnatal de los niños. Además la función tiroidea fetal depende de los aportes de hormonas tiroideas maternas.

Es por hechos así que preocupa que la exposición a diversos ftalatos haya sido asociada a la alteración de los niveles de hormonas tiroideas. Se ha asociado así la exposición a ftalatos como el DBP (dibutil ftalato) con la alteración de la actividad tiroidea en mujeres embarazadas.

Ciertos niveles de presencia en orina de metabolitos del DEHP o el DINP se ha visto que están asociados a una alteración en los niveles de hormonas tiroideas en niños.

También se ha visto, por ejemplo, que aquellos hombres con unos niveles de presencia de algunos metabolitos del DEHP un poco más altos tenían alterados niveles de hormonas tiroideas.

Enfermedades metabólicas

Sería largo enumerar los diferentes estudios, realizados en animales o sobre personas, que evidencian que la exposición a contaminantes con efectos hormonales como los ftalatos podría estar asociada a problemas como la diabetes.

Por solo citar un ejemplo, una investigación publicada en 2012 asociaba los niveles urinarios de ftalatos en mujeres con diabetes (un problema de salud que en las féminas habría duplicado su incidencia dese 1980 y 2010). Las mujeres que, dentro siempre de los parámetros medidos en la población general (es decir, sin tratarse de mujeres expuestas a niveles particularmente altos), tenían niveles mayores de mono-n-butil ftalato (MnBP, metabolito del DBP), mono-isobutil ftalato (MiBP, también metabolito del DBP), monobencil ftalato (MBzP, metabolito del BzBP), mono-(3-carboxipropil) ftalato (MCPP, un metabolito del DOP, d-n-octil ftalato), y tres metabolitos del di-(2-etilhexil) ftalato (ΣDEHP) tenían un mayor riesgo de diabetes comparadas con las que tenían menos presencia de ftalatos. De hecho, las que tenían los niveles más altos de MBzP y MiBP tenían casi el doble de riesgo en concreto un 96% y un 95% más de riesgo, respectivamente (OR = 1.96 y OR = 1.95) si se las comparaba con las que estaban en el cuartil de los niveles más bajos de presencia de esas sustancias.

Pero ese tipo de asociaciones se han visto también en varones como muestran estudios156 realizados sobre la población general de Estados Unidos. Estudios que han analizado posibles asociaciones entre la obesidad y la diabetes tipo 2 y la presencia de contaminantes como los ftalatos. Encontrándose significativas asociaciones entre las concentraciones urinarias de metabolitos de ftalatos como MBzP (metabolito del BzBP), MEHHP, MEOHP (ambos metabolitos del DEHP) y MEP (metabolito del DEP) y una incrementada resistencia a la insulina o entre MBP (metabolito del DBP), MBzP (metabolito del BzBP) y la longitud de la circunferencia de la cintura. Algunas investigaciones vinculan el riesgo de estas condiciones con unos niveles menores de testosterona cosa que, como antes vimos, puede tener que ver con la exposición a algunos ftalatos.

Trastornos neurológicos

Otros estudios asocian los ftalatos a alteraciones de conducta, trastorno de déficit de atención e hiperactividad, menor inteligencia, o una conducta menos varonil en los niños pequeños. Una investigación, citada solo a modo de ejemplo, mostraba que la exposición prenatal a algunos ftalatos -medidos sus metabolitos en la orina de las madres- tenía relación con que los niños nacidos tuviesen cierta merma en el desarrollo mental y motor y una mayor tendencia a tener conductas internalizantes a los 3 años de edad. Se encontró que la exposición prenatal al DnBP, DiBP, y BBzP podía estar asociada con efectos negativos en el desarrollo mental, motor y conductual de los niños durante los años preescolares.

Partos prematuros

Alguna investigación asocia el acortamiento en la duración del embarazo en humanos con la exposición a ftalatos como el DEHP. Los partos prematuros son asociados a alguna de estas sustancias en diferentes estudios.

Un estudio muy interesante fue publicado por la prestigiosa Journal of the American Medical Association (JAMA) y concluía que aquellas mujeres que tenían en orina unos mayores niveles de metabolitos del di-2-etillhexil ftalato (DEHP), así como el mono-n-butil ftalato (MBP), metabolito del DBP, tenían mucho mayores probabilidades de tener un parto prematuro (problema que puede tener que ver con cosas tales como un riesgo mayor de muerte infantil). Los científicos firmantes decían que “debían darse pasos para reducir la exposición de las madres a los ftalatos durante el embarazo”.

Los investigadores dejaban claro que sus resultados “indican una significativa asociación entre la exposición a ftalatos durante el embarazo y los partos prematuros, lo cual refuerza anteriores evidencias de laboratorio y epidemiológicas. Además como la exposición a ftalatos es generalizada y como la prevalencia de los partos prematuros entre las mujeres del estudio fue similar al que se da en la población general, nuestros resultados son generalizables a las mujeres en Estados Unidos y en otros países. Estos datos proporcionan un fuerte apoyo a la necesidad de tomar acción en la prevención o reducción de la exposición a ftalatos durante el embarazo”.

Problemas inmunológicos

Otras de las patologías asociadas por estudios científicos a los ftalatos son el asma y las alergias. Una revisión164 de estudios realizada en 2008, 27 de ellos en humanos y 14 de ellos estudios toxicológicos en laboratorio, indicaba que altos niveles de ftalatos como los que podían ser emitidos desde el PVC podía modular la respuesta inmune a un coalérgeno en roedores. Los vapores del PVC sometido al calor posiblemente contribuirían al desarrollo de asma en adultos (por ejemplo en escenarios laborales, pero no solo en ellos165). Y estudios epidemiológicos en niños mostraban la existencia de una asociación entre la presencia de determinados materiales en el hogar, como el PVC (frecuente fuente de exposición a ftalatos en las casas) y el riesgo de obstrucción pulmonar, asma y alergias166. Uno de estos estudios asociaba, por ejemplo, una concentración más alta del ftalato BBzP en el polvo doméstico con una mayor incidencia de rinitis y eccema en niños y de DEHP con una mayor incidencia de asma infantil.

Estudios posteriores a ésa revisión han seguido encontrando asociaciones de esa patología con algunos ftalatos. Por ejemplo un estudio la asociaba con la presencia de metabolitos del DINP y del DIDP. En sus conclusiones se apuntaba que una mayor presencia en la orina de los metabolitos de estos dos ftalatos de alto peso molecular como, en el primer caso el MCOP -mono (carboxioctil) ftalato- y, en el segundo, el MCNP -mono (carboxinonil) estaba asociada a un mayor riesgo de asma. Los investigadores señalaban que se había medido una presencia relevante de ftalatos en las partículas de polvo que podían respirarse en el interior de hogares y escuelas noruegas169. Ftalatos como el di-n-butil ftalato (DBP), el butil bencil ftalato (BBP), el diciclohexil ftalato (DCHP) y el dietil hexil ftalato (DEHP), destacando el DBP. Se encontraron altos niveles de ftalatos en habitaciones de niños, guarderías, escuelas primarias y la habitación del ordenador.

La asociación entre una serie de materiales que pueden contener ftalatos y determinados problemas respiratorios ha sido abordada por múltiples investigaciones.

Pubertad precoz

Un estudio publicado en el año 2000 asociaba por su parte la exposición a un ftalato el DEHP -señalado como conocido antiandrógeno- y el desarrollo prematuro de los pechos (telarquia prematura) en niñas. Las niñas que tenían telarquia prematura resultaba que tenían siete veces más altos niveles de DEHP (con una media de 450 partes por mil millones) que las que no la tenían (media de 70 ppb). Las niñas con telarquia prematura desarrollan pechos a edades a veces muy inferiores a los 8 años, de hecho muy frecuentemente con menos de 2 años incluso desde el nacimiento.

El asunto podría tener que ver con el detectado adelanto de la edad de la pubertad detectado en las niñas de algunos países occidentales en las últimas décadas y que podría tener que ver con la exposición a diferentes tipos de sustancias con actividad hormonal.


-La realidad de los efectos combinados ha de forzar medidas más restrictivas sobre los ftalatos

Normalmente las evaluaciones de riesgo que han venido realizándose sobre productos químicos, como los ftalatos u otras sustancias, se han basado en medir los posibles efectos de la exposición a una sustancia aislada y a menudo sólo para un uso concreto de la misma.

Sin embargo, es un hecho que estamos expuestos nunca a sustancias aisladas ni cada una de esas sustancias nos llega solo a través de una fuente sino desde varias al mismo tiempo. La verdad es que nos vemos expuestos simultáneamente a muchos productos cada día, los cuales pueden contener las mismas sustancias o sustancias diferentes pero con el mismo tipo de efecto toxicológico.

Los efectos combinados o, como se les conoce también, el efecto cóctel, tienen lugar cuando una persona es afectada por varias sustancias químicas a la vez y ésos efectos se manifiestan de formas diversas.

Los efectos de la combinación a menudo originan que la exposición a pequeñas cantidades de varias sustancias juntas cause efectos indeseados que no tienen lugar cuando uno se expone a las mismas sustancias aisladamente y a la misma dosis.

Un alto número de investigaciones destacan la necesidad de tener en cuenta la exposición simultánea a varias sustancias que tienen el mismo modo de acción cuando se evalúa el riesgo de compuestos como por ejemplo los disruptores endocrinos.

Lamentablemente, lo cierto es que es algo que apenas se ha tenido en cuenta hasta ahora, de modo que es más que probable que los riesgos reales de exposición a muchas sustancias tales como los ftalatos puedan ser superiores a lo calculado y ello debe hacer que se extreme el Principio de Precaución con las mismas.

Una serie de métodos de cálculo han sido desarrollados para predecir qué sucederá cuando un test animal se expone a varias sustancias a la vez. Uno de estos métodos se basa en el concepto de la adición de dosis el cual ha sido aplicado y descrito en detalle en la propuesta danesa para la restricción de DEHP, DBP, BBP y DIBP bajo REACH. Ésos ftalatos evidencian efectos antiandrogénicos en los estudios animales. Y lo que razona la propuesta danesa es que la contribución de varias fuentes de exposición se suman generándose unos efectos combinados que pueden incrementar el riesgo.

Cáncer de mama

Diferentes estudios con células in vitro han mostrado, además, que diversos ftalatos, como BBP, DBP y DEHP están asociados al incremento de la proliferación de células humanas de cáncer de mama (células MCF-7) y a cierta inhibición de la acción anti-tumoral del tamoxifeno. Otros estudios exploran las asociaciones entre el cáncer de mama y los ftalatos.

Por no dar más datos, sobre cáncer y ftalatos, simplemente citar que el Estado de California decidió incluir uno de los ftalatos actualmente más utilizados, el DiNP (usado como sustituto del DEHP) entre las sustancias que pueden ser asociadas al cáncer.

La exposición simultánea a diferentes ftalatos aumenta el riesgo

No se debe olvidar el hecho de que diferentes ftalatos pueden tener modos de acción semejantes y que, por lo tanto, el riesgo de la exposición a un mismo tiempo a distintos ftalatos (tal y como de hecho sucede) puede incrementar el riesgo.

Un aspecto relevante a tener en cuenta a la hora de evaluar los riesgos derivados de la exposición a los ftalatos, así como para adoptar medidas para reducirlos, es que no debe caerse en el error de realizar esas evaluaciones de riesgo pensando solo en sustancias aisladas. La evaluación sustancia a sustancia, ftalato a ftalato, puede tender a una enorme subestimación de los riesgos.

Lamentablemente, la inmensa mayoría de las evaluaciones de riesgo oficiales realizadas hasta ahora han sido hechas sobre ftalatos aislados, aun cuando en el mundo real los seres humanos estamos expuestos a varios ftalatos a la vez, de modo que puede producirse un efecto sumatorio de las dosis entre otras posibilidades.

Es por ello que las medidas a adoptar para prevenir riesgos, han de tener en cuenta al menos esos grupos de ftalatos que pueden causar un mismo tipo de efecto, actuando conjuntamente sobre diferentes sustancias. Ese es precisamente uno de los enfoques que han movido estrategias sobre ftalatos como la acometida en Dinamarca.

Por otro lado, yendo más allá de los ftalatos, tampoco conviene olvidar que junto a la suma de diferentes ftalatos capaces de propiciar un mismo efecto, en el cuerpo puede haber otras sustancias, como por ejemplo, algunos residuos de pesticidas, retardantes de llama, compuestos perfluorados,... por no citar más posibilidades, que propicien también efectos idénticos o semejantes. Todo esto sigue redundando en el hecho de que de poco sirve, de cara a evitar que un efecto se produzca, considerar separadamente los supuestos niveles seguros de exposición a cada sustancia, ya que debe considerarse que su cantidad se suma a la de otras.

Estos hechos ponen en cuestión las evaluaciones de riesgo realizadas sobre algunos compuestos. Estas han establecido niveles de concentración supuestamente “seguros” de exposición a cada sustancia aislada, pero sin tener en cuenta que esas cantidades de sustancias se suman a las de otras sustancias que pueden contribuir al mismo efecto.

Más allá de la suma de dosis

Además del mero efecto sumatorio de la dosis, que de modo tan evidente cuestiona la apariencia de “seguridad” creada artificialmente por un sistema de evaluación toxicológica basado en un escenario inexistente de exposición a sustancias aisladas, hay aún más factores que añaden preocupación.

Uno de ellos es que ni siquiera en el caso -hartamente improbable- de que una persona se expusiese solo a un ftalato está claro que pueda realmente establecerse una concentración que no pueda causar efecto en el caso de sustancias que son disruptores endocrinos. Es lo que nos dice la comunidad científica y que analizamos con más detalle en otros apartados de este informe.

Pero, además, y volviendo al asunto de la exposición simultánea a varias sustancias, cabe decir que la evaluación de sus efectos ha de ir más allá de una simplista suma de las dosis de cada sustancia. El complejo cóctel químico al que se expone una persona puede tener efectos impredecibles, ya que pueden establecerse efectos sinérgicos, potenciadores de los efectos. En ocasiones, no tanto sumatorios como multiplicadores.

De nuevo, debemos además considerar no solo la exposición a varios ftalatos, sino la interacción de estos con otros centenares de sustancias químicas diferentes que puede haber, simultáneamente, en el organismo de un ser humano178.

No está claro que exista un nivel seguro de exposición a sustancias que, como algunos ftalatos, son disruptores endocrinos.

El hecho de que diversos ftalatos sean tenidos como conspicuos disruptores endocrinos hace crecer la preocupación sobre sus riesgos y el modo en que estos han venido siendo gestionados hasta la fecha. Por lo que hoy se sabe acerca del modo de acción de las sustancias alteradoras del equilibrio hormonal parece más que probable que si de verdad se quiere proteger la salud de los ciudadanos los criterios deban ser mucho más estrictos que los que se han venido aplicando hasta ahora. Como se evidencia en estudios científicos185 y en diferentes informes encargados por instancias oficiales de la Unión Europea186, como el estudio que encargó la Dirección General de Medio Ambiente (Directorate-General for the Environment) de la Comisión Europea sobre the State of the Art of the

Assessment of Endocrine Disruptors, existe una enorme dificultad para definir realmente qué niveles de un contaminante hormonal (como son diferentes ftalatos) son realmente seguros: “en relación con los esfuerzos para caracterizar los riesgos asociados con sustancias que actúan como disruptores endocrinos se ha sostenido que el paradigma actual de evaluación de riesgo requiere modificación o ha quedado obsoleto, porque estas sustancias provocan efectos en dosis muy inferiores a las normalmente utilizadas en los test reglamentarios” que han venido teniéndose en cuenta hasta ahora por algunas agencias.

Lo anterior, expresión del conocimiento científico actualmente existente sobre la cuestión, debe hacer que las autoridades huyan de una autocomplacencia que podría llevarles a imaginar que la actual regulación o las medidas adoptadas hasta ahora han servido realmente para conjurar los riesgos inherentes a este tipo de sustancias. Y ello debe forzarles, si es que de verdad se piensa en la salud pública, a adoptar medidas valientes sobre sustancias como los ftalatos, sin plegarse tanto a consideraciones de otro tipo (como las que tienen que ver, por ejemplo, con los intereses de algunos fabricantes).

Esa dificultad de establecer qué niveles de una sustancia disruptora endocrina son realmente seguros se da especialmente cuando se trata de establecer qué niveles de exposición son seguros para una población entera: “aunque los acontecimientos que llevan a enfermedades ligadas a la exposición pueden ser no lineales en los rangos de las dosis bajas, los umbrales son oscuros cuando el análisis se conduce a nivel de la población humana. Incluso bajo la asunción de umbrales para individuos (y esto siempre será una hipótesis, porque los umbrales no pueden ser verificados a nivel individual, incluso si los hubiera)” (…) “Un punto de relevancia inmediata para los contaminantes que actúan como disruptores endocrinos son las exposiciones de fondo y endógenas que pueden jugar un papel en los procesos de enfermedad. Este escenario se aplica a contaminantes que imitan la acción de hormonas endógenas, como los estrógenos. Porque las exposiciones internas preexistentes a estrógenos esteroideos, puede inferirse que cualquier cantidad de agente estrogénico añadida exteriormente se suma a la carga interna, pudiendo exhibir así actividad en una manera independiente del umbral. Esta es una consideración importante para el papel de los estrógenos en el cáncer de mama, durante la programación del sistema neuroendocrino y en el periodo de la pubertad”.

Estas dudas importantes sobre la escasa fiabilidad a la hora de establecer niveles realmente seguros de exposición para contaminantes hormonales como los ftalatos para una población humana, no hacen más que recalcar la necesidad de adoptar un exigente Principio de Precaución, que en el caso que nos ocupa ha de llevar a la urgente toma de decisiones políticas contundentes para reducir la exposición humana.

La frase anterior, repetida de un modo u otro en una ingente cantidad de documentos científicos, merece ser remarcada:

"En relación con los esfuerzos para caracterizar los riesgos asociados con sustancias que actúan como disruptores endocrinos se ha sostenido que el paradigma actual de evaluación de riesgo requiere modificación o ha quedado obsoleto, porque estas sustancias provocan efectos en dosis muy inferiores a las normalmente utilizadas en los test reglamentarios."

 Algunas investigaciones han mostrado que muchas personas de la población general occidental se ven expuestos a niveles de ftalatos semejantes a los que causan efectos reproductivos en animales de laboratorio. Esa exposición puede ser especialmente preocupante cuando se habla de mujeres embarazadas porque se sabe que sustancias de este tipo podrían interferir el desarrollo fetal. Diversos estudios asocian exposiciones de este tipo a efectos, especialmente en los niños varones. Ello hace que sea de crucial importancia reducir la exposición a ftalatos que algunas mujeres en edad reproductiva pueden tener, por ejemplo, a través de los cosméticos y otros productos de higiene o aseo personal.

Es preciso adoptar medidas conjuntas sobre grupos de sustancias con semejantes modos de acción

Si se quiere adecuar las medidas tendentes a proteger la salud a los riesgos existentes en el mundo real, y no a construcciones teóricas abstractas alejadas de los escenarios de exposición que verdaderamente se dan, es muy importante tener en cuenta cuestiones como la adición de dosis.

De poco sirve, como se ha venido diciendo, establecer límites de seguridad de exposición a sustancias evaluándolos de forma aislada, como si nos expusiésemos solo a una sustancia. Ya que si a la vez hay dentro de un organismo vivo otras sustancias que tienen un modo de acción semejante, dosis menores de cada sustancia, sumadas, pueden dar una cantidad superior de compuestos que producen el mismo efecto. Ello ha de hacer que se adopten medidas conjuntas sobre grupos de sustancias que tienen semejantes modos de acción.

Es inexcusable, si se quiere hacer una evaluación del riesgo que, en buena medida, no sea ficticia, tener en cuenta estas cuestiones.

La adición de dosis puede ser aplicada si se sabe fehacientemente que un grupo de sustancias tiene el mismo modo de acción en el organismo (por ejemplo, afectando al mismo órgano). Se entiende que la exposición simultánea a varias sustancias con el mismo modo de acción tendría un efecto semejante que una dosis mayor de una de esas sustancias individuales. Y existe evidencia científica de que sustancias con el mismo tipo de efecto (antiandrogénico, estrogénico, tiroideo) pueden causar efectos combinados aditivos.

El año 2009, un grupo de expertos internacionales convocados por la Agencia de Protección Ambiental danesa insistió en la necesidad de aplicar criterios de este tipo, considerando los efectos combinados, a fin de hacer una evaluación más realista de los riesgos181. Tres comités científicos de la UE -SCHER, SCENIHR y SCCS- concluyeron lo mismo en 2012, afirmando que hay sobrada evidencia científica de que la exposición simultánea a varias sustancias puede afectar al efecto tóxico total y que ello no se está teniendo en cuenta debidamente, lo que puede llevar a una subestimación de los riesgos por no considerar lo que puede generar exponerse simultáneamente a sustancias con el mismo modo de acción o con modos de acción desconocidos182.

La Comisión Europea ha reconocido de hecho que las evaluaciones de riesgo actuales no tienen debidamente en cuenta estos efectos combinados, lo que ha de hacer que se potencie un enfoque legislativo horizontal.

Hay países que, al margen de lo que decida la Unión Europea, ya han resuelto adoptar medidas teniendo en cuenta estos hechos. Tal ha sido el caso, por ejemplo, de Dinamarca que consideró el efecto sumatorio para evaluar aspectos como la exposición total de niños de dos años a sustancias químicas (2009), en la evaluación del riesgo acumulado de mujeres embarazadas expuestas a disruptores endocrinos (2012) y en su propuesta para la restricción de 4 ftalatos (2012). Dinamarca demostró que el riesgo no estaba siendo bien controlado si no se tenían en cuenta estos factores.

Queda mucho por estudiar sobre diversos efectos que pueden ocasionar las más diversas mezclas de sustancias. Por ejemplo, sobre qué efectos puede tener la exposición simultánea a sustancias antiandrogénicas y estrogénicas, sospechándose que pueden tener efectos combinados.