La toxicidad de la mayoría de las 350.000 sustancias químicas sintéticas en circulación no ha sido debidamente evaluada

  • El periodista ambiental y responsable de Hogar sin tóxicos denuncia que la toxicología oficial actual necesita una enmienda a la totalidad, a causa de sus graves fallos a la hora de proteger la salud de los consumidores.
  • Ni siquiera se sabe bien cuantas sustancias químicas sintéticas hay en circulación; hasta hace poco se pensaba que había algo más de 100.000, pero estimaciones recientes elevan la cifra a unas 350.000.
  • El libro defiende que lo legal y lo seguro no son necesariamente lo mismo, aportando infinidad de evidencias al respecto.

Madrid, 3 de noviembre de 2022.- La contaminación química es uno de los mayores problemas ambientales y sanitarios que afronta la humanidad. Tal y como se explica en el nuevo libro Mentiras tóxicas. Cómo nos desprotegen las autoridades frente a los tóxicos que nos enferman, del periodista y divulgador ambiental Carlos de Prada, “según la comunidad científica, la toxicidad de la mayoría de las 350.000 sustancias sintéticas en circulación no ha sido debidamente evaluada”. A lo largo de 500 páginas plagadas de referencias y citas científicas, el libro muestra las numerosas deficiencias de la toxicología oficial y las distintas maneras en las que las autoridades pueden estar desprotegiendo a los ciudadanos frente a las numerosas sustancias tóxicas que amenazan su salud.

Carlos de Prada, responsable de la iniciativa Hogar sin tóxicos, Premio Global 500 de la ONU y Premio Nacional de Medio Ambiente, insiste en que “la toxicología oficial actual necesita una enmienda urgente a la totalidad, una profunda revisión, porque está fallando estrepitosamente en proteger adecuadamente la salud de la población y del medio ambiente, tal y como alerta la ciencia sin que sea escuchada”.

El principal objetivo del libro es, precisamente, ser altavoz de lo que lleva mucho tiempo denunciando la comunidad científica pero acerca de lo cual los consumidores no son debidamente informados. Con frecuencia, los ciudadanos pueden caer en el error de pensar que lo legal y lo seguro son necesariamente lo mismo, sin plantearse una serie de hechos evidentes que deberían hacerles dudar. Por ejemplo, comprobar una y otra vez cómo sustancias son consideradas seguras hasta una fecha y después son declaradas inseguras, cuando ya se han expuesto a ellas millones de personas durante años o décadas. De Prada cita, entre otros, el sonado caso del bisfenol A, después de que la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria haya propuesto rebajar su límite de seguridad 100.000 veces “nada menos” respecto al fijado en 2015, o 1.250.000 veces menos del establecido antes de ese año.

El sistema actual con frecuencia “solo aporta una mera apariencia de seguridad”. Informes de la propia OMS han señalado que los métodos de prueba oficiales “no sirven muchas veces para evaluar correctamente efectos importantes como los de alteración hormonal, y precisamente los grupos más vulnerables, como embarazadas o niños, son los más desprotegidos” lamenta este experto. De Prada, que ya ha publicado ocho libros sobre contaminación química, apunta que “es importante tener en cuenta que una cosa es lo que dicen algunas autoridades respaldando los intereses económicos de algunas industrias y otra, muy diferente, lo que está diciendo la comunidad científica, la cual nos advierte con claridad de la gravísima crisis de salud que se está generando”. 

Sistemas de control diseñados por la industria

El libro denuncia que algunos organismos oficiales, más que controlar a la industria, parecen controlados por ella, mostrando que buena parte de los sistemas oficiales por los que se evalúa el riesgo de las sustancias han sido diseñados por la propia industria. También que, en lugar de prestar la debida atención a lo que dicen miles de estudios científicos de la ciencia académica independiente y que alertan de los riesgos reales, la regulación oficial se base sobre todo en los dudosos datos de toxicidad aportados por las propias empresas interesadas en comercializar las sustancias. Con el agravante, añade Carlos de Prada, de que “muchos de esos datos son secretos y, por tanto, no cumplen un requisito básico para ser considerados científicos, como es que se publiquen y sean sometidos al escrutinio de la comunidad científica”.

La obra también revela que se han denunciado flagrantes conflictos de interés en los paneles de expertos de algunas agencias reguladoras que deciden sobre los riesgos de las sustancias y desgrana las más diversas estrategias que la industria emplea, con la complicidad de algunas autoridades, para sembrar confusión acerca de los auténticos riesgos, en lo que el autor del libro define como “una batalla abierta contra la ciencia”.

Mentiras tóxicas repasa distintos ejemplos de normativas ineficaces, como sucede en buena medida con el reglamento REACH de la Unión Europea, que pasa por ser uno de los más avanzados del mundo pero que en realidad es enormemente deficiente.

Riesgos cotidianos y falta de información

Según Carlos de Prada, “la comunidad científica independiente tiene claro que los niveles supuestamente bajos y perfectamente legales de muchos contaminantes a los que nos exponemos cotidianamente ya están erosionando seriamente la salud de la población, asociándolo a una parte del incremento de incidencia de algunos problemas importantes como cáncer, infertilidad, desarreglos neurológicos, alteraciones inmunológicas, enfermedades cardiovasculares, etc.” En la obra, el autor pasa revista a infinidad de “errores garrafales” de los sistemas de evaluación del riesgo químico como, por citar uno solo, estimar el riesgo de exponerse a las sustancias una a una cuando, en realidad, nos exponemos a mezclas de ellas que pueden tener un efecto muy superior. 

Son infinidad las posibles sustancias tóxicas a las que podemos exponernos cotidianamente de forma inadvertida y que, de hecho, la ciencia ha detectado en el organismo de la mayor parte de la población. Sustancias que pueden estar presentes en los más variados productos o artículos (alimentos, plásticos, textiles, productos de limpieza, fragancias, pesticidas, pinturas, disolventes, productos de higiene, etc.).

Como afirma Carlos de Prada, “da idea del deficiente control existente que ni siquiera se sepa claramente cuantas sustancias hay en circulación. Hasta hace poco se pensaba que existían algo más de 100.000 sustancias químicas sintéticas y ahora sabemos, según las últimas estimaciones científicas que son en realidad unas 350.000”. Como se expresa en la obra, para unas 120.000 sustancias o productos químicos la información existente en los registros es extraordinariamente deficiente. En concreto, para unos 70.000, que serían mezclas y polímeros, no se aportan detalles sobre los componentes concretos que los integran y para otros 50.000 la identidad de las sustancias se considera información confidencial, negando su conocimiento público.

Hay cientos de miles de sustancias químicas sintéticas que circulan en una cantidad global de cientos de millones de toneladas anuales. Algo que, en opinión del autor del libro, “evidencia la dificultad de evaluar debidamente todas esas sustancias para descubrir cuáles de ellas tienen propiedades tóxicas si se considera que con frecuencia se pueden tardar muchos años en estudiar y regular una sola”.

Mentiras tóxicas quiere servir de herramienta para que los ciudadanos abran los ojos, conozcan los hechos objetivos, basándose en la ciencia verdadera, y desarrollen un espíritu crítico que les permita tomar decisiones realmente informadas para proteger su salud, en lugar de limitarse a confiar ciegamente en ciertas autoridades y empresas.

Sobre Hogar sin tóxicos

La iniciativa Hogar sin tóxicos (www.hogarsintoxicos.org), dirigida por el periodista, escritor y divulgador ambiental Carlos de Prada, Premio Global 500 de la ONU y Premio Nacional de Medio Ambiente, tiene como objetivo denunciar situaciones de riesgo provocadas por las sustancias tóxicas presentes en los más diversos productos de uso cotidiano y proponer alternativas. Basándose en la ciencia, busca que las Administraciones mejoren la normativa y adopten medidas que realmente protejan la salud de las personas, y que las empresas eliminen o reduzcan significativamente el uso de esos compuestos. Hogar sin tóxicos también busca concienciar a la población, ya que sin la debida conciencia social, ni la Administración ni las empresas se sentirán suficientemente motivadas, ni los ciudadanos podrán adoptar medidas para protegerse de los riesgos existentes, que en muchas ocasiones son fácilmente prevenibles.

 

Para más información:
Elena Ávila, tlf. 607 44 39 25, elena.avila@despacho37.com